18/11/11

Pesentación

Importancia educación de las emociones a través de la experiencia social

La educación prepara para la vida. Vida, que constantemente nos enfrenta a experiencias emocionales. Satisfacciones que nos animan o tensiones que nos estresan. Sin lugar a duda, como futuras educadoras, lo anterior nos exige atender al desarrollo emocional de nuestros pequeños, como complemento indispensable en su realización como individuos.

El ritmo de la vida de hoy en día está provocando que cada vez sea más complejo controlar las emociones, muchas necesidades emocionales de los niños están siendo sustituidas por videoconsolas e internet. ¿Pataletas incontrolables?, ¿agresividad?, ¿bullying? Esos son algunos de los síntomas provocados por la inexistencia de la educación de las emociones. Es por eso, que es ahora cuando debemos tomar conciencia de que la tarea de educar emocionalmente urge





Alumna Educación Parvularia
Universidad Andrés Bello Viña del Mar Chile
María Paz Yáñez R

Objetivos Blog

La experiencia Social Edificio de Emociones




Valorar la relevancia de la educación de las emociones a través de la experiencia social del niño


Manifestar la importancia del rol de la educadora para la sociabilización del niño


Valorar el proceso de enculturación como programador de la mente humana

Sociabilización: Clave para la vida







Relevancia rol educadora

Entendiendo que el proceso de enculturación se basa netamente en las experiencias sociales. Se ha de considerar la relevancia de estas.

Cuanto antes debemos poner en contacto al pequeño con la vida social externa a él. ¿Cómo? favoreciendo una rotación de diversos ambientes. De manera que logremos evitar una excesiva estructuración del carácter. El psicólogo Emilio López afirma en su libro de psicología evolutiva que “el repetido contacto con las mismas personas contribuye a la fijación de actitudes de reacción social muy limitadas y crea una rigidez de hábitos incapacita al individuo para su adaptación universal.”En efecto, si levantamos la mirada y observamos el aula. Daremos cuenta que son múltiples ocasiones en las que el niño se enquista también en una limitada zona afectiva de la escuela y se “crea otra familia” en ella: elige uno o dos compañeros y cultiva su amistad con exclusión de la de los demás, aprendiendo a adaptarse a ese núcleo.

Contra esta tendencia a la formación de pequeños grupos-casi siempre opuestos entre sí- hemos de luchar, en tanto consigamos penetrar en su estructura social e invitar a los niños a expandirse entre los demás compañeros.

Hemos de considerar en nuestro desempeño pedagógico que la escasez del contacto social en la infancia lleva al niño a una peligrosa timidez o a una fijación de rencores y afectos. Lo cual repercutirá en su desarrollo futuro.

El despliegue de la actividad conjuntamente con otros proporciona al niño una nueva experiencia esencial, que le sirve para aprender el rol que corresponde a un niño. Obtiene una nueva perspectiva de sí mismo viendo a otros niños, lo cual es muy diferente a verse solamente como un niño en un mundo de adultos en el cual él es pequeño y relativamente inerte.


El infante y la construcción de su mente: Enculturación


El infante y la construcción de su mente: Enculturación

El nacimiento biológico del infante humano y el nacimiento psicobiológico no coinciden en el tiempo. El primero es un acontecimiento espectacular observable, el ultimo es un proceso intrapsiquico de lento desarrollo.

El cerebro es el aparato con el que pensamos, pero necesita ser programado para convertirse en mente, de igual modo que lo requiere un cerebro electrónico. Existen, evidentemente, grandes diferencias entre el cerebro y los más complejos computadores electrónicos, aparte del tamaño y de la rigidez de la máquina. Entre otras muchas diferencias, tenemos el hecho de que el cerebro es parte de una persona viva, que no es pasivo, sino que indaga y entiende de acuerdo con sus tendencias, necesidades y deseos . Se programa en gran parte a sí mismo. El cerebro, en cuanto parte de un organismo está influido por pasiones y deseos y, en cuanto parte de una persona, comparte su peculiaridad. Pero también existen interesantes similitudes. La maquina, como el cerebro, utiliza un lenguaje. Almacena recuerdos que solamente pueden ser recuperados mediante el símbolo apropiado. Pude servir como órgano ejecutivo que utiliza muy pequeña cantidad de energía para dirigir y regular actividades que consumen gran cantidad de energía, como en el caso, por ejemplo, de un computador que dirige una fábrica. Pero es preciso programarlo y es incapaz de aprender.

En la mente humana, la programación básica es el proceso de enculturación, que consiste en la asimilación por el niño de los modos de conducta que rigen en la sociedad en que se desarrolla. Le enseñan – y el aprende- los símbolos verbales esenciales para el pensamiento, pero también necesita tener experiencias que constituye su herencia cultural y que, a pesar de ser producto de mentes humanas, tiene una existencia aparte de una mente individual cualquiera.

Una parte básica del proceso de enculturación se refiere a la adquisición de modos de conocimiento. El hombre no acumula simplemente sensaciones y experiencias, sino que precisa de modos de percibir y pensar lo que experimenta. Cada grupo cultural ha elaborado sus propios sistemas de significados y de lógica y el modo de pensar y sentir respecto a los hechos que afectan sus procesos fisiológicos. Las experiencias que vive una persona, lo que le ocurre, puede categorizarse y comprenderse de innumerables modos. Cada cultura percibe su medio ambiente de un modo algo diferente y hasta el lenguaje que empleamos, con su vocabulario especifico y sus reglas gramaticales, pone límites y establece líneas directrices a nuestro pensamiento


Inteligencia Emocional

El concepto inteligencia emocional (IE) apareció por primera vez desarrollado en 1990 en un artículo publicado por Peter Salovey y John Mayer. Sin embargo fue Daniel Goleman, quien convirtió estas dos palabras en una nueva visión de la inteligencia humana. Este sicólogo afirmaba abiertamente que la verdadera inteligencia, iría más allá de los aspectos cognitivos e intelectuales de una persona.

Esta teoría, hasta el día de hoy, proporciona un nuevo marco para investigar la adaptación social-emocional y de esta manera alcanzar el éxito. Puesto que la IE jugaría un papel elemental en el establecimiento, mantenimiento y la calidad de las relaciones interpersonales.

Si llevamos lo anterior a nuestra realidad, daremos cuenta que los padres, efectivamente, anhelan educar hijos inteligentes, que posteriormente puedan ser eficaces en el desenvolvimiento de una profesión. Los núcleos en general buscan y requieren una “mente inteligente” , y así, siguiendo ante nuestros ojos, se abre todo un mundo de alternativas con respecto a la inteligencia. Sin embargo, hemos de reflexionar que aunque una persona sea muy competente o habilidosa, si no logra el manejo de sus emociones, difícilmente alcanzará el verdadero éxito.

\ Dos elementos claves:

Por una parte, se encuentra el desarrollo de los aspectos internos de una persona. Lo que es llamado “inteligencia intrapersonal”, es decir, la capacidad del acceso a la propia vida sentimental, internalizar la gama propia de afectos o emociones: la capacidad para efectuar al instante discriminaciones entre estos sentimientos y, con el tiempo, darles un nombre, desenredarlos en códigos simbólicos, de utilizarlos como un modo de comprender y guiar la conducta propia. Y por otra ,la “inteligencia interpersonal”, relacionada con la facultad de percibir y distinguir los estados de ánimo, intenciones, motivos o sentimiento de otras personas a través de sus expresiones faciales, gestos y de esta manera discriminar entre muchas señales interpersonales y poder responder a estas de manera eficaz


Inteligencia interpersonal e intrapersonal. El modelo de los adultos: